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sábado, 1 de agosto de 2015

Mi hermana y Haydée



Aquellos días de agonía de mi hermana Kenia, pedí a Dios mil veces que la ayudara a descansar y no la dejara en ese sufrimiento. El día que murió, habían pasado exactamente 35 años de la muerte de Haydée, y no sé por qué extraña razón se me ocurrió pedirle a Yeyé también tal triste ayuda.
Horas más tarde cerré los ojos de mi hermana para siempre, y murió tranquilamente entre mis brazos. Otra vez ese extraño misticismo de la vida liga mi familia a Haydée.

lunes, 10 de marzo de 2014

martes, 22 de enero de 2013

El General de las cañas, los Santamaría y yo.

 No hubo una gran diferencia de edades entre ellos; tal cercanía existió, que los hermanos Santamaría conocieron en carne y hueso al líder de los azucareros en Encrucijada primero, y en Cuba después.
Cuenta Haydée Santamaría, que su hermano Abel, escuchaba con identificación las arengas de Jesús Menéndez en el central Constancia, allá por los años 40 del siglo pasado.
Tal vez, esos discursos formaron parte de la conciencia revolucionaria formada en “El Polaco”, (así le decían a Abel por su pelo rubio y ojos azules) desde sus años jóvenes.
Nacidos en ese municipio de Villa Clara, los tres trascendieron en el tiempo y en la historia cubana.

sábado, 28 de julio de 2012

Una carta lanzada al universo hace dos años.


Macondo, 28 de julio de 2010

La fecha de tu muerte pasó desapercibida por nuestros medios, busqué, miré y oí, pero varios trabajos en la radio y la prensa, no fueron suficientes ante tu recuerdo. Y no es que tu pueblo te haya olvidado, pero las circunstancias de tu muerte, aún son un prejuicio inentendible para aquellos que no son capaces de comprender la sensibilidad, esos que en aquellos tiempos hubieran prohibido los Beatles, las minifaldas y el movimiento hippie.
Hacen hoy ya 30 años desde aquel doloroso día de julio, pero tu pueblo, encrucijada, se reunió para rendirte homenaje, y sé que en la Casa de las Américas tampoco dejaron pasar por alto este día en que te marchaste para quedarte para siempre.
Siento repugnancia por aquellos que aún evitan estos temas, que no entienden el dolor en el alma, que no comprendieron que aquel día de julio de 1953 se murió una parte de tu vida.

A Yeyé, porque una bala no puede terminar el infinito


Hace hoy 32 años Haydée Santamaría decidió desaparecer, tal vez por la memoria triste del Moncada. Los ojos de su hermano Abel sumergidos en una palangana y los testículos de tu novio Boris fueron recuerdos desgarradores.
Cuentan los que la conocieron bien, que asistía callada a los actos por el 26 de julio en Santiago de Cuba y se encerraba hasta el otro día en su cuarto.
La huella del Moncada y de sus 61 compañeros caídos o torturados hasta la muerte luego, era un peso muy duro de llevar.
Algunos dicen que nunca pudo superarlo. Su hija Celia María[i] aseguraba todo lo contrario, decía que de aquel dolor, más que tristezas, sacó fuerzas para hacer la Revolución que soñó junto a su hermano en aquel apartamento del Vedado habanero.

martes, 29 de mayo de 2012

Haydée y mamá van de la mano (+ entrevista)


Siempre que te veo recuerdo a mi madre. Todo lo que me enseñó podría resumirse en ti. Justo con esta edad que tengo te conoció, allá en ese pueblito sureño que trascendió gracias a tu amor. A veces intento imaginarte cuando te acercaste a ella. Todavía mamá guarda esa impresión, al punto de que no puede recordarlo sin que salga una lágrima. Mamá te admira, casi tanto como lo hago yo, aún después de 30 años de que decidiste desaparecer.
Fue precisamente mami quien me guió a ti. Al principio, cuando niña, no le creía que realmente te hubiera conocido, yo decía mamá no puede ser tan vieja, y es que te veía demasiado lejos o a mamá demasiado joven y me equivoqué las dos veces. Ni mamá es tan joven, (nació en 1949), ni tú estás tan lejos en el tiempo.

sábado, 28 de abril de 2012

Hogar dulce Casa


La Casa de las Américas

Hay fantasmas en la Casa. Todos son buenos y de muchos lugares. Unos habitan solo en sombras; otros a veces, pueden hasta verse. En la sala “Che”, el árbol de la vida los acoge a todos. Allí se encuentran vivos y muertos. No se ven, pero se sienten.
A veces los vivos esperan la llegada de los muertos, que aunque no llegan nunca, siempre están por llegar.
Hay acordes en la Casa.  Unos se oyeron una vez más bajito, porque la censura hace mucho tiempo los dañó, pero al fin hoy retumban en las paredes, libres, así, como la música debe ser. Hay guitarras, filarmónicas y pianos, y hasta un silencio que allí, en la Casa, también puede ser música.
Hay crayones y pinceles en la Casa. Los hay de todos los colores, estilos y formas. Vanguardias o no, unos más viejos y otros más nuevos: hay plástica en la Casa.
Hay graffitis, también, en la Casa. Las paredes están blancas, pero solo como un papel escrito con zumo de limón (como nos enseñó mamá), la luz pasa y entonces… sí que se ven las letras en la Casa.
Allí, en la Casa de G y 3ra, cerca del mar, hay fantasmas que no se atreven a partir y vivos que, desde lejos, siempre piensan en este hogar.
Allí, en la Casa de las Américas, en La Habana, Cuba, vive el arte de todo el continente.

viernes, 27 de enero de 2012

Lo que llevo de Haydée en mi

Cual magia del destino, llevo mucho de Haydeé. Compartimos los mismos medicamentos para el asma, la espalda encorvada como quien trata de esconderse, la predicción por girasoles, el gusto por el arte aún sin saber nada sobre este, una tristeza que a ratos nos circunda, la fe infinita en el amor, la afición por la pelota y de cuando en vez, un pensamiento suicida. A pesar del más de medio siglo que separa nuestras generaciones, sin ni siquiera imaginarnos la una a la otra, un “insignificante” poblado al suroeste de la región oriental, nos unió para siempre.