sábado, 28 de julio de 2012

A Yeyé, porque una bala no puede terminar el infinito


Hace hoy 32 años Haydée Santamaría decidió desaparecer, tal vez por la memoria triste del Moncada. Los ojos de su hermano Abel sumergidos en una palangana y los testículos de tu novio Boris fueron recuerdos desgarradores.
Cuentan los que la conocieron bien, que asistía callada a los actos por el 26 de julio en Santiago de Cuba y se encerraba hasta el otro día en su cuarto.
La huella del Moncada y de sus 61 compañeros caídos o torturados hasta la muerte luego, era un peso muy duro de llevar.
Algunos dicen que nunca pudo superarlo. Su hija Celia María[i] aseguraba todo lo contrario, decía que de aquel dolor, más que tristezas, sacó fuerzas para hacer la Revolución que soñó junto a su hermano en aquel apartamento del Vedado habanero.

martes, 29 de mayo de 2012

Haydée y mamá van de la mano (+ entrevista)


Siempre que te veo recuerdo a mi madre. Todo lo que me enseñó podría resumirse en ti. Justo con esta edad que tengo te conoció, allá en ese pueblito sureño que trascendió gracias a tu amor. A veces intento imaginarte cuando te acercaste a ella. Todavía mamá guarda esa impresión, al punto de que no puede recordarlo sin que salga una lágrima. Mamá te admira, casi tanto como lo hago yo, aún después de 30 años de que decidiste desaparecer.
Fue precisamente mami quien me guió a ti. Al principio, cuando niña, no le creía que realmente te hubiera conocido, yo decía mamá no puede ser tan vieja, y es que te veía demasiado lejos o a mamá demasiado joven y me equivoqué las dos veces. Ni mamá es tan joven, (nació en 1949), ni tú estás tan lejos en el tiempo.

sábado, 28 de abril de 2012

Hogar dulce Casa


La Casa de las Américas

Hay fantasmas en la Casa. Todos son buenos y de muchos lugares. Unos habitan solo en sombras; otros a veces, pueden hasta verse. En la sala “Che”, el árbol de la vida los acoge a todos. Allí se encuentran vivos y muertos. No se ven, pero se sienten.
A veces los vivos esperan la llegada de los muertos, que aunque no llegan nunca, siempre están por llegar.
Hay acordes en la Casa.  Unos se oyeron una vez más bajito, porque la censura hace mucho tiempo los dañó, pero al fin hoy retumban en las paredes, libres, así, como la música debe ser. Hay guitarras, filarmónicas y pianos, y hasta un silencio que allí, en la Casa, también puede ser música.
Hay crayones y pinceles en la Casa. Los hay de todos los colores, estilos y formas. Vanguardias o no, unos más viejos y otros más nuevos: hay plástica en la Casa.
Hay graffitis, también, en la Casa. Las paredes están blancas, pero solo como un papel escrito con zumo de limón (como nos enseñó mamá), la luz pasa y entonces… sí que se ven las letras en la Casa.
Allí, en la Casa de G y 3ra, cerca del mar, hay fantasmas que no se atreven a partir y vivos que, desde lejos, siempre piensan en este hogar.
Allí, en la Casa de las Américas, en La Habana, Cuba, vive el arte de todo el continente.

martes, 27 de marzo de 2012

Las lecciones del girasol




Por Celia María Hart Santamaría
Hoy [el 31 de diciembre] es el cumpleaños de mi madre. Coincide con el último día del año, pues para ella no era tan importante el día en que nació, sino el día en que quiso nacer. Es como si el cariño tuviera más derecho a la verdad que los propios acontecimientos. Extraño, por cierto, esa sencilla máxima de mi madre... Entonces permítanme una historia:
No había criatura nacida del suelo de la tierra que le causara a Haydée más placer que el girasol. En casa había girasoles en todas sus formas. Pinturas, fotos, girasoles vivos y muertos... Van Gogh y su sublime estridencia...

martes, 6 de marzo de 2012

El Macondo del Gabo y Haydée



Hoy es el cumpleaños 85 de Gabriel García Márquez, desde este Macondo en el sur de Las Tunas, les envío esta carta que el mismo enviara a Haydée Santamaría. Siempre quise tener la misiva que le enviara Yeyé, pero nunca pude. De todos modos bastan leer las letras del Gabo para saber lo que le diría Haydée. 
 No te imaginas qué contento estoy con la noticia de que hay un Macondo cubano, cuánto me emocionó conocer por tu discurso los pormenores de su nacimiento. No tengo ninguna preocupación por su destino: ese Macondo resistirá a todos los vientos, porque no ha sido creado bajo el signo de la soledad como el otro, sino bajo el signo milenario de la solidaridad. Será un pueblo indestructible, ya lo verás
Así comenzó el premio nobel de literatura Gabriel García Márquez (Gabo), su carta a Haydée Santamaría en 1970. Se refería a un pueblo al sur de la provincia de Las Tunas: Amancio Rodríguez.

lunes, 6 de febrero de 2012

Una anécdota de Haydée y Camilo


El 26 de abril de 1957, estando acampada la columna rebelde en el Alto de Santana y ya entrada la noche, se recibe la noticia de que el grupo Manzanillo estaba rodeado por el enemigo en casa de Lalo Sardiñas.
 De inmediato, Fidel ordenó a Camilo, partir con la vanguardia en auxilio de los compañeros. En la mañana del siguiente día, la casa de Lalo Sardiñas está rodeada por el Señor de la Vanguardia y sus hombres, pero este le informa que todos están a salvos en un cafetal próximo a dicha vivienda. Sin pérdida de tiempo, Camilo salió para dicho lugar. Haydée Santamaría, relató este encuentro:

El último vuelo de los Santamaría

Escrito por Celia Hart Santamaría el 24 de febrero de 2005

En los días más difíciles de la clandestinidad en nuestra última batalla por ser libres, cuando no eran suficientes los contactos, ni las casas donde los compañeros podían esconderse, frente a las amenazas más brutales de una tiranía que veía enflaquecida su autoridad a pesar de haber asesinado a los mejores jóvenes del país., flotaba por las calles de la Habana, sutil y grácil una hermosa mujer de cabello blanco de ojos esmeradamente negros, apostados en más firme de las miradas.
 Mi tía Aída Santamaría fue la más serena y bella de aquellos raros Santamarías  emblemáticos que sembraron su corazón en la revolución cubana. Chaviano sin haber encontrado qué hacer frente a una mujer de tanta belleza y serenidad, sólo repetía como un imbécil cuando sabía que ella visitaba una cárcel o hacía algún arreglo.” ¡Ah Esa palomita blanca, esa palomita blanca!”.