Hace hoy 32 años Haydée Santamaría
decidió desaparecer, tal vez por la memoria triste del Moncada. Los
ojos de su hermano Abel
sumergidos en una palangana y los testículos de tu novio Boris
fueron recuerdos desgarradores.
Cuentan los que la conocieron bien, que asistía
callada a los actos por el 26 de julio
en Santiago de Cuba
y se encerraba hasta el otro día en su cuarto.
La huella del Moncada y de sus 61 compañeros caídos
o torturados hasta la muerte luego, era un peso muy duro de llevar.
Algunos dicen que nunca pudo superarlo. Su hija Celia
María[i] aseguraba todo lo
contrario, decía que de aquel dolor, más que tristezas, sacó fuerzas para hacer
la Revolución
que soñó junto a su hermano en aquel apartamento del Vedado habanero.






