miércoles, 15 de agosto de 2012

Lo tremendo y lo profundo

 Por: Alina Perera Robbio
30 de diciembre de 2007

Un día invernal, divisando el mar erizado sobre el cual caían ruidosos relámpagos, Haydée Santamaría le dijo a alguien que había llegado muy triste a verla: «De esos rayos de luz que matan algún día sacaremos corriente». Como si las palabras fueran mágicas, al poco rato el visitante tomó la guitarra que le acompañaba y comenzó a obrar el misterio de la música. Ante el imponente espectáculo de la naturaleza, la tristeza se fue disipando hasta quitarle total sentido a la angustia, hasta dejar en el aire cierta sensación de felicidad.
Años después rescató aquella escena Celia María Hart, hija de esa revolucionaria especial que todavía nos seduce por sus cualidades, por una autenticidad cuya estela no escapa a quienes buscan los mejores ejemplos y se procuran historias reales donde palpite la posibilidad salvadora de mejorar la existencia.

martes, 7 de agosto de 2012

Fidel nunca traicionará

Por: Manuel E. Yepe
“Transmítele a todos los combatientes nuestros de la provincia de Matanzas que yo les garantizo que Fidel no nos traicionará. Fidel no traicionará jamás a Abel ni a Boris, ni a ningún revolucionario cubano porque llevará la revolución hasta el final. ¡Pueden sentirse seguros!”
Así me dijo hace cincuenta años, a mediados de noviembre de 1958,en la ciudad de Miami, Haydee Santamaría Cuadrado, una de las dos mujeres participantes en el fallido Asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba que dio inicio a la etapa actual de la revolución conducida por Fidel Castro.

sábado, 28 de julio de 2012

Te entendemos Haydée, te admiramos

Haydée, Benedetti (C) y Carpentier

Hace 32 años, Mario Benedetti expresó ante una noticia que lo conmovió en 1980:
      Muchos escribirán, ahora y después, y con todo derecho, sobre su gesta heroica, sobre su función de dirigente, sobre su estilo de trabajo. Pero en estas horas, que pesadamente continúan la escueta noticia de su muerte, quiero destacar por fin el rasgo suyo que, a través de tantos años de convivencia, camaradería y trabajo compartido, me impresionó más hondamente: su bondad, que era tan invencible como su coraje. Vaya a saber por qué extrañas conexiones, ese atributo es el que hoy más me conmueve en relación con esta muerte. A fin de cuentas, ya lo había dicho su admirado Martí: ¡Duele mucho en la tierra un alma buena!

Una carta lanzada al universo hace dos años.


Macondo, 28 de julio de 2010

La fecha de tu muerte pasó desapercibida por nuestros medios, busqué, miré y oí, pero varios trabajos en la radio y la prensa, no fueron suficientes ante tu recuerdo. Y no es que tu pueblo te haya olvidado, pero las circunstancias de tu muerte, aún son un prejuicio inentendible para aquellos que no son capaces de comprender la sensibilidad, esos que en aquellos tiempos hubieran prohibido los Beatles, las minifaldas y el movimiento hippie.
Hacen hoy ya 30 años desde aquel doloroso día de julio, pero tu pueblo, encrucijada, se reunió para rendirte homenaje, y sé que en la Casa de las Américas tampoco dejaron pasar por alto este día en que te marchaste para quedarte para siempre.
Siento repugnancia por aquellos que aún evitan estos temas, que no entienden el dolor en el alma, que no comprendieron que aquel día de julio de 1953 se murió una parte de tu vida.

A Yeyé, porque una bala no puede terminar el infinito


Hace hoy 32 años Haydée Santamaría decidió desaparecer, tal vez por la memoria triste del Moncada. Los ojos de su hermano Abel sumergidos en una palangana y los testículos de tu novio Boris fueron recuerdos desgarradores.
Cuentan los que la conocieron bien, que asistía callada a los actos por el 26 de julio en Santiago de Cuba y se encerraba hasta el otro día en su cuarto.
La huella del Moncada y de sus 61 compañeros caídos o torturados hasta la muerte luego, era un peso muy duro de llevar.
Algunos dicen que nunca pudo superarlo. Su hija Celia María[i] aseguraba todo lo contrario, decía que de aquel dolor, más que tristezas, sacó fuerzas para hacer la Revolución que soñó junto a su hermano en aquel apartamento del Vedado habanero.

martes, 29 de mayo de 2012

Haydée y mamá van de la mano (+ entrevista)


Siempre que te veo recuerdo a mi madre. Todo lo que me enseñó podría resumirse en ti. Justo con esta edad que tengo te conoció, allá en ese pueblito sureño que trascendió gracias a tu amor. A veces intento imaginarte cuando te acercaste a ella. Todavía mamá guarda esa impresión, al punto de que no puede recordarlo sin que salga una lágrima. Mamá te admira, casi tanto como lo hago yo, aún después de 30 años de que decidiste desaparecer.
Fue precisamente mami quien me guió a ti. Al principio, cuando niña, no le creía que realmente te hubiera conocido, yo decía mamá no puede ser tan vieja, y es que te veía demasiado lejos o a mamá demasiado joven y me equivoqué las dos veces. Ni mamá es tan joven, (nació en 1949), ni tú estás tan lejos en el tiempo.

sábado, 28 de abril de 2012

Hogar dulce Casa


La Casa de las Américas

Hay fantasmas en la Casa. Todos son buenos y de muchos lugares. Unos habitan solo en sombras; otros a veces, pueden hasta verse. En la sala “Che”, el árbol de la vida los acoge a todos. Allí se encuentran vivos y muertos. No se ven, pero se sienten.
A veces los vivos esperan la llegada de los muertos, que aunque no llegan nunca, siempre están por llegar.
Hay acordes en la Casa.  Unos se oyeron una vez más bajito, porque la censura hace mucho tiempo los dañó, pero al fin hoy retumban en las paredes, libres, así, como la música debe ser. Hay guitarras, filarmónicas y pianos, y hasta un silencio que allí, en la Casa, también puede ser música.
Hay crayones y pinceles en la Casa. Los hay de todos los colores, estilos y formas. Vanguardias o no, unos más viejos y otros más nuevos: hay plástica en la Casa.
Hay graffitis, también, en la Casa. Las paredes están blancas, pero solo como un papel escrito con zumo de limón (como nos enseñó mamá), la luz pasa y entonces… sí que se ven las letras en la Casa.
Allí, en la Casa de G y 3ra, cerca del mar, hay fantasmas que no se atreven a partir y vivos que, desde lejos, siempre piensan en este hogar.
Allí, en la Casa de las Américas, en La Habana, Cuba, vive el arte de todo el continente.